Si eres amante del cine clásico seguro tienes presente la imagen de de Audrey Hepburn con el cigarro siempre dispuesto entre sus dedos, o James Dean sosteniendo el cigarro con su sonrisa, o de Clint Eastwood entrecerrando los ojos con un puro en la comisura de los labios, o de Lauren Bacall dando la primera calada a un cigarro recién encendido.




Para los organismos internacionales de salud, estas imágenes difundidas a lo largo de todo el mundo por el cine fueron en parte responsables del gran incremento del tabaquismo durante el siglo XX y, en consecuencia, del aumento exponencial de distintos tipos de cáncer relacionados con esta adicción.
Para la industria tabacalera, por su parte, lo importante era lograr que la gente, intentando parecerse a su artista favorito, diera la primera calada. El resto lo hizo la nicotina, una de las sustancias más adictivas del planeta, no por la potencia de sus efectos, sino por su capacidad de aumentar el placer que sentimos al realizar otras actividades cotidianas como leer, conversar o incluso disfrutar del paisaje.
Por lo anterior, el nuevo Reglamento de la Ley General para el Control del Tabaco en México, que entró en vigor el 15 de enero de este 2023, busca reducir la visibilidad de las marcas de cigarros prohibiendoles realizar cualquier tipo de publicidad explícita o implícita, esto último incluye la presencia de marca en productos culturales como películas, series, programas de televisión y hasta obras de teatro.
También pretende aumentar los sitios públicos libres de humo, incluso si se encuentran al aire libre, de manera que el acto de fumar pueda desvincularse de otros comportamientos recurrentes. Esto incluye, por ejemplo, que en las áreas para fumadores de bares y restaurantes no se podrán ofrecer servicios adicionales de alimentos y bebidas.
Pero la relación de la humanidad y el tabaco no se limita al romance tóxico que vivieron durante el siglo XX ni al desencanto con todo y orden de restricción que viven en el siglo XXI. La historia del tabaco tiene al menos cinco milenios y, como toda historia, ha tenido altas y bajas.
Amor a primera calada: el origen del tabaquismo
El tabaco es originario de la región de Los Andes, en América del sur. En Perú, particularmente, se encontraron hojas fosilizadas que indican que hace 5 mil años la planta ya existía en esta parte del territorio.
Aunque no se sabe exactamente cómo comenzó a fumarse la hoja de tabaco, lo cierto es que en el siglo I de nuestra era, la planta ya se cultivaba en todo el continente, incluidas las islas del Caribe, donde la conocieron los europeos. Además, entre los siglos V y VII los mayas y los toltecas ya habían inventado las pipas.

Cuando Cristóbal Colón llegó a las islas del Caribe, a finales del siglo XV, vieron que los nativos fumaban hojas de tabaco, aunque sólo lo hacían como parte de rituales o con fines medicinales. Fue ahí donde Rodrigo de Jerez, uno de los hombres de Colón, probó por primera vez el tabaco y se aficionó a su consumo, iniciando con esto el tabaquismo recreativo.
Rodrigo de Jerez volvió a España en 1493 y se aseguró de llevar en “La Niña” un buen cargamento de la planta. Sus vecinos se asustaron tanto al verlo con la boca humeante que terminó fumando a escondidas; pero su esposa, también asustada, lo denunció a la Santa Inquisición y el tribunal consideró que sacar humo por la boca era un poder que sólo otorgaba el diablo, así que Rodrigo de Jerez fue encarcelado por su afición al tabaco.
A pesar del triste final de Rodrigo de Jerez, el tabaquismo recreativo estaba lejos de llegar a su final y, a lo largo de su historia, alcanzaría a todas las clases sociales.
Fuman el rey, el papa y el que no tiene capa
El primer exportador exitoso de tabaco a Europa fue Jean Nicot, embajador en Francia en Portugal, a cuyo apellido le debemos el nombre de nicotina para la sustancia activa del tabaco. Nicot recibió la planta de regalo y la plantó en su jardín, donde creció y se multiplicó.
Nicot sabía del uso medicinal que le daban a la planta en los territorios de Portugal en América, es decir, en Brasil, donde en lugar de fumarla, la secaban y molían para después inhalarla. Es por ello que envío este polvo de tabaco a Catalina de Médici como remedio para la migraña.
El preparado, conocido con el nombre de rapé, se popularizó entre la corte francesa y después en toda la aristocracia europea. Para 1725 incluso el papa, Benedicto XIII, ya era aficionado al tabaco en forma de rapé.

Ya fuera inhalado, masticado o fumado, el tabaco era un artículo de lujo. Pero llegó la revolución industrial, con ella la producción masiva de cigarrillos que, sumada a la creencia de que el tabaco tenía propiedades curativas, hizo que el consumo de cigarros se extendiera en todas las clases sociales.
Fue hasta el siglo XX, cuando la tabacalera era ya una industria poderosa, que se empezó a sospechar que el consumo masivo de tabaco estaba relacionado con el incremento exponencial de los distintos tipos de cáncer y otras enfermedades, pero no fue sino hasta principios del XXI cuando el tabaquismo comenzó a ser considerado seriamente como un asunto de salud pública y se tomaron medidas al respecto.
Sobre la nueva reglamentación del tabaco en México
El origen de esta reglamentación se encuentra en el Convenio Marco de la Organización Mundial de la Salud para el Control del Tabaco, firmado por México en 2004. A partir de este convenio, de las evidencias científicas disponibles y de las mejores prácticas internacionales, la Secretaría de Salud propuso las reformas a la Ley General para el Control del Tabaco que se publicaron el 17 de febrero de 2022.
En mayo de 2022, por estas acciones emprendidas para proteger la salud de la población mexicana, México recibió el Premio Especial del director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, pero el verdadero premio serán las 49 mil muertes y 292 mil nuevos casos de enfermedades provocadas por el tabaquismo que se espera evitar en los próximos 10 años.